viernes, 20 de septiembre de 2013

Corría por el bosque, oyendo como los perros se acercaban cada vez mas. Aun sostenía el pedazo de pan en mi mano, sintiendo como se hacía migajas por la presión que ejercía sobre el.

Sabía que moriría en cualquier momento, pero me alegro el no tener que vivir en este mundo un segundo mas. Trabajar 15 horas al día, ser sedado, alimentado por sondas y luego volver al trabajo no era precisamente vida, o eso es  lo que creo.

Siento al primer perro hundiendo sus dientes en mi pantorrilla,seguido de otro que muerde mi brazo. El dolor es grande,pero no tanto como mi risa al pensar que estos animales infernales me liberan de este mundo, de este chiste mal hecho.

No hay comentarios:

Publicar un comentario