-Polinomio, usted no tiene cerebro- decia en voz baja, mientras por debajo de la mesa mi mano rozaba sus piernas lentamente.
-Y fue entonces cuando pandita se agacho y el tipo gigante lo dejo hecho mierda...- Estaba diciendo su hermano, ignorante de toda la lujuria contenida en los adolecentes frente a el.
Poco a poco estiraba mas su pierna sobre la mia, gesto que yo traducia en acariciar cada vez mas lento y fuerte lo que tenia al alcance de mi mano: sus pechos, sus piernas,su estomago y la entrepierna. Ella mantenía las dos manos sobre la mesa, y ocultaba habilmente mis actos con una voz impasible, y con una cabeza fría y aun pensante.
Yo solo pensaba en lo divertido de la situación, al ver sus ojos tristes y con una creciente satisfacción, esa que solo el cuerpo puede proporcionar, cuando un ser ajeno a nosotros nos provee de sensaciones extraordinarias, que a esta edad (y me imagino que a cualquier otra) rompen con la rutina.
Y mientras traba de ocultar mi propia excitación en mi voz, recordaba lo que me había dicho su hermano 15 minutos antes:
-¿Quieres salir con ella? Bueno, si te acepta no hay problemas por mi parte...solo no hagan cosas raras-
Tratar de provocarle un orgasmo ahí mismo, en esa mesa, con su hermano enfrente.. ¿es considerado raro?
Talvez...
Pero vaya que fue divertido...

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